El pueblo

Primeros pobladores

En la zona que ahora ocupa el término de Penàguila, los estudios arqueológicos han registrado poblamiento desde el neolítico (Masía del Plan) y, sobre todo, desde el neolítico (La Perla, Las Puntas, Masía de Don Simón, Masía de Esquina y Masía de Is). Hay que mencionar también muestras de arte rupestre esquemático levantino en el barranco del Salto del Castillo y arte levantino en el puerto del Collao (declarado, como el anterior, Bien de Interés Cultural o BIC). Durante el bronce, se ha localizado un poblado en la Masía del Moreral y restos diversos a la zona del Castillo, donde también se ha detectado ocupación ibérica y vestigios de romanización. Aún de la civilización ibérica sobresale el poblado de la Serreta, entre los términos municipales de Penàguila, Cocentaina y Alcoi. En la Masía Blanca y a la Masía de la Torrecilla se han encontrado necrópolis ibéricas y al barranco de la Escondida y Masía Grande del Pellicer, materiales cerámicos romanos.

 

Época islámica

La primera referencia documental que se tiene de Penàguila corresponde a una cita del historiador musulmán Abenalfalg en su historia del Cid. En la época islámica, desde el siglo XII (y quizá desde el siglo XI), Penàguila era una aljama o agrupación de caserius de población hispano-musulmana que tenían una cierta unidad política y administrativa y que se asociaban al castillo que les daba nombre. El actual casco urbano no era el de entonces, aunque la documentación alude a una alquería llamada Raval, que se sitúa cerca del castillo y puede ser que se encontrase donde ahora está la plaza del árbol.

 

Conquista y Cristianización

La aljama pasó a manos cristianas en 1245, cuando estos conquistaron Biar y se rindió toda la Montaña y la Marina (desde Biar a Denia). Sin embargo en 1247, Al-Azraq, que controlaba toda la Vall de Gallinera, declaró la guerra a los cristianos y ocupó, entre otros, el castillo de Penáguila, que estuvo en manos islámicas hasta 1248, año en que los sarracenos fueron sometidos y Al-Azraq huyó.

A partir de 1260 los cristianos comenzaron una política de asentamiento de colonos-guerreros cerca del castillo, concediéndoles tierras que a veces eran yermas pero otras veces se usurpaban a los sarracenos. El conflicto entre cristianos y musulmanes estaba servido. El 1276, una banda de hispano-musulmanes rebeldes mataron a dos cristianos de la aljama de Penàguila, cautivaron a quince y se apoderaron del castillo. Al-Azraq, aprovechando la rebelión popular de los suyos, preparó refuerzos y se dispuso a recuperar la comarca, iniciándose una campaña militar (que representan las fiestas de moros y cristianos) que fue desfavorable a los sarracenos y en la cual, cuenta la tradición, el wazir murió en Alcoy. Los islámicos que ocupaban el castillo huyeron y este pasó a manos cristianas.

La segunda sublevación y guerra de Al-Azraq (1275-1277) hizo cambiar muchas cosas y para Penáguila una muy importante: la creación del pueblo. El rey Pedro III de Aragón cambió la estrategia del pueblo cristiano. En lugar de limitarse a facilitar la llegada de colonos cristianos dentro de las aljamas, los asentaba en lugares estratégicamente situados de la comarca y les obligaba a construirse y vivir dentro de recintos amurallados bien protegidos. La carta puebla de Penàguila, firmada en Barcelona por este rey el 27 de septiembre de 1278, otorgaba tierras a cien colonos, que tenían la obligación de mantener en buen estado y custodiar el castillo y construirse casas y murallas al lado del mismo. Poco después se calcula que había unos 40 vecinos y a principios del siglo XV (en 1421) los vecinos o cabezas de casa eran 94.

 

Época Foral (siglos XIII-XVIII)

Desde la conquista, la villa, dedicada esencialmente a la agricultura y la ganadería, ha tenido una vida lenta y con pocos sobresaltos. Uno de estos se produjo a mediados del siglo XIV, cuando el castillo, bien fortificado por los vecinos, fue asediado por las tropas castellanas en la guerra entre Aragón y Castilla. El consejo y vecinos del pueblo resistieron a los invasores castellanos el 1356, impidiéndolos apoderarse de la fortaleza. Poco después de derrotar el asedio de las tropas castellanas, los penaguilenses restituyeron el castillo de Gallinera y otras fortificaciones de este valle al rey de Aragón, y unidos a los de Cocentaina y Alcoi, formaron un cuerpo de ejército que recuperó para el Reino de Valencia la villa de Xixona, que no había podido resistir el asedio de los castellanos. El rey Pedro IV el Ceremonioso, en reconocimiento de la lealtad, le otorgó voto en las Cortes Valencianas.

A principios del siglo XVI se produjo la Germanía valenciana (1519-1522), que fue una revuelta popular de ancha base protagonizada y organizada por menestrales de las ciudades y campestres de villas reales y señoríos. Los rebeldes, siempre cristianos, se oponían a la corrupción y a los abusos (así lo decían) de los nobles, caballeros y jerarquía eclesiástica. En la Gobernación (o provincia) de Xàtiva, donde se encuentra Penàguila, la guerra hermandada, dirigida por un franciscano renombrado el Encubierto (que decía ser la Cuarta Persona de la Trinidad) tomó especial virulencia y radicalismo. Se sabe que los vecinos más influyentes de los 160 que había en el pueblo juraron germanía, mientras que el alcalde (o administrador del rey) y el alcaide del castillo (y al mismo tiempo señor de Benillup), con sus criadas y mudéjares se hicieron “mascarats”, partidarios del bando del emperador Carlos V. Los de Penàguila, junto a otros agermanados de villas y pueblos de la Gobernación de Xàtiva, comandados por el Encubierto, marcharon hacia Orihuela donde se enfrentaron a los “mascarats” y fueron derrotados por estos. La monarquía impuso en el pueblo una enorme multa de 1.800 ducados.

La segunda mitad del siglo XVI se caracteriza por un ligero aumento de la población: se llega a 200 vecinos(800 habitantes) a principios del XVII. Pero la tendencia se invierte súbitamente, afectándole la expulsión de los moriscos (1609), no para que no hubiera población sarracena en el pueblo (pues desde la carta puebla eran cristianos), sino para que muchos de los penaguilenses marcharan a repoblar tierras que habían debido abandonar los moriscos expulsados de los pueblos del borde. Se calcula que en 1616 había 183 vecinos(732 habitantes). Y aún bajaría más la población durante las décadas de 1640-50 y 1650-60 a causa de las epidemias de peste (1647, 1652), de las plagas de saltamontes (1640-41) y de fuertes y seguidas sequías. En 1646 se calculan 130 vecinos (520 habitantes). La recuperación demográfica se iniciaría a finales del siglo XVII.

En la guerra de Sucesión a la Corona (1703-1714), que puso fin a los fueros y a los derechos del antiguo Reino, la villa fue del bando perdedor, y aunque se conocen pocos detalles sobre el particular, se sabe que, como castigo, debió contribuir en 1708 a la reedificación de La Torre de las Maçanes, lugar que fue quemado por los partidarios del Archiduque durante la guerra. Por otro lado, esta guerra llevaba en sí, como todas, grandes desastres que inmediatamente repercutían en una intensa mortalidad catastrófica. El año 1707 hubo 74 defunciones, mientras que en la década anterior o posterior a la guerra la mortalidad no paso de  8 defunciones al año. Esta elevada mortalidad no se debió a acciones militares directamente (aunque un soldado portugués murió en el pueblo), sino que era consecuencia del desorden que producía la presencia de tropas de uno y otro ejército enfrentados, las cuales se apoderaban de alimentos, animales de labor y dinero, de donde se derivaba hambre y peste que, junto a la guerra y la muerte, formando cuatro jinetes del Apocalipsis.

 

Siglos XVIII, XIX y XX

El siglo XVIII, superados los efectos catastróficos de la guerra y la posguerra, se caracteriza por una intensa recuperación demográfica que, hacia los años ochenta, llegó a duplicar la población que había al final de la guerra de Sucesión. El censo de 1768 cuenta con 936 habitantes y el de 1787 con 1.325, lo que resulta una de las cuotas más elevadas de la historia del pueblo. El fenómeno se explica en buena medida, no tanto por el desarrollo de la agricultura como por el crecimiento de la manufactura textil de Alcoy, la cual proporcionaba trabajo a domicilio (cardar e hilar) a los pueblos de la comarca. Además, a este trabajo se le unía la introducción de nuevos cultivos, como la expansión de la vid (que duraría hasta comienzos del siglo XX) y un ligero incremento del regadío. Cabanelles dice que los penaileros descuidaron la agricultura como consecuencia de los mejores beneficios que les reportaba el trabajo a domicilio. No tiene en cuenta este abad que la tierra es pobre, la altitud elevada y la topografía difícil, lo que no facilita mucho el crecimiento agrario.

A final del siglo XVIII volvieron las crisis de subsistencia, los malos años, las sequías (por ejemplo la de 1786, 1787 y 1788), el hambre y las guerras, que desde 1790 hasta 1815 fueron seguidas y trajeron de la mano las correspondientes calamidades: los reemplazos militares repetidos, los impuestos extraordinarios, las recaudaciones forzosas… Sólo faltaba que, acabadas ya las guerras napoleónicas, en Alcoy comenzara a mecanizarse la industria para que quedasen sin trabajo a domicilio un elevado número de penaileros. De este modo, la mecanización de la industria alcoyana iba en contra de muchos vecinos, que veían suprimirse uno de sus principales medios de subsistencia y, tan pronto como comenzó esta mecanización, estallaron duras luchas que consistían en destruir las fábricas y sus máquinas.

El primer gran estallido se produjo en el mes de marzo de 1821, cuando campesinos del pueblo y de otros de la comarca entraron en Alcoy en avalancha y quemaron fábricas y máquinas. Estas acciones duraron unos cuantos años y no consiguieron evitar el triunfo de la máquina. Se inició entonces una situación de estancamiento económico y endémico que no cambió hasta mitad del siglo XIX.

A mitad del siglo XIX se inicia el que, quizás, sea el momento más dinámico de la historia de la villa, debido a los cambios de propiedad y las formas de explotación de la tierra, que supuso la revolución burguesa y la implantación del régimen liberal. En 1847, Madoz calcula 1.280 vecinos y registra una notable e intensa explotación agraria que hace que el termino tenga 120 masías trabajadas, además de 3  fábricas de mantas morellanas, 1 bata y 6 molinos harineros.

Una buena prueba de la recuperación y el empuje del pueblo es la existencia en 1847 de una escuela de niños municipal a la que asisten 40, dotada con 100 duros y una escuela de niñas a la que van 30 y la maestra cobra 50 duros. A las escuelas se ha de añadir la realización de obras públicas relacionadas con la canalización de aguas potables, preocupación higienista de la época. En efecto, a principios de los años 40 del siglo XIX, se había construido un acueducto conocido como puente del Arca, por donde pasaba el agua de la Fuente de la villa del pueblo y, ya en la parte alta, se había instalado una fuente pública con abrevadero para animales con una inscripción (hoy perdida) que tenía fecha de 1844. En la Fuente de la Villa (más tarde llamada Font Vella) se añadía la Font Major (popularmente conocida como Riuet), que se hizo en 1857 y tiene 30 salidas de agua y un lavadero. A las fuentes se añaden obras públicas de envergadura como son los alcavones y el incremento de las acequias, al tiempo que comenzaban las obras del nuevo trazado de la carretera a Alcoy, que daba un poco más de vuelta que el antiguo camino de los pescaderos que pasaba por bajo del “Ull del Moro”.

A mediados del siglo XIX había 1.500 habitantes (según el censo de 1857) y en 1877, Penáguila llegó a la cuota máxima de habitantes de su historia, 1.603. Desde entonces, se inició un lento declive demográfico y económico. En 1900 los habitantes eran 1.300; en 1930, 1.100; en 1950 eran 940; en 1960, 750; en 1981, 352 y en 2003, los habitantes son 358. Según Carreras Candí, a principios del siglo XIX (1913), la industria se reducía a molinos harineros, bodegas de vino y almazaras, además de una cantera y yacimientos de margas, habiéndose perdido las fábricas de mantas. Los intentos de industrialización del siglo XX (cartón, confección y madera) se reactivaron entre los años treinta y sesenta, pero acabaron fracasando y, por tanto, no han sido capaces de impedir el declive demográfico del pueblo.

Paralelo al declive demográfico, la Penáguila del siglo XX ha ido perdiendo poco a poco algunos de sus referentes: el cuartel de la Guardia Civil, con sargento y cuatro guardias, que existía desde finales del siglo XIX, se cerró durante los años de la transición; también las dos escuelas instituidas por liberales fueron reducidas a una y, finalmente, a finales de los años 90, se cerró. Un referente que se mantiene es la banda de música, que desde que se fundó (no se sabe cuando, pero está documentada su existencia desde 1913) es una sociedad particular.

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